paris

12.07.2009

El italiano

No lo va a conocer. Quizás nunca lo conozca y por eso decide escribirlo. Quizás esa sea la motivación última que grafique toda su vida. Nunca va a conocer a nadie tanto y necesita llenar esos silencios con estas palabras.

Lo encontró hace años cuando era bien joven y escribía cartas. Muchas cartas. Le fascinaba Mattia por una sola razón: su letra. Escribía con una caligrafía enorme, prolijísima y llena de colores. Todos los meses, desde la pequeña ciudad veneciana de Mirano, Italia, un sobre llevaba su nombre. Nuevas noticias: Mattia por Europa, sus días, los viajes, el vóley. A veces, algún regalo inesperado.

Cuando Argentina se hundió, mucho antes de lo que se pronosticaba para Venecia y aún sigue en pie, ella dejó de escribirle. Mandar un sobre no sólo era un delirio sino un imposible.

Decidió entonces que Mattia se convierta en esto: un recuerdo fortuito de domingo a la tarde, un símbolo de curiosidades que nadie va a entender, un vuelo primitivo de cuando comenzaba a volar así.

12.04.2009

Cosas que nunca pensé en escribir pero las escribo y soy cursi a rabiar

Tengo ganas de escribir sobre él. Y sobre mí y la forma en que me interpreta y me lee. Sobre todo lo misteriosa que me cree y lo extraordinario de las cosas que nos pasan juntos. Sobre cómo nunca callamos y a él le gustan mis variaciones temáticas y a mí me gusta oírlo pensar. Sobre nuestra capacidad de escucha activa y risa fácil. Sobre cómo nace un mundo cada vez. Sobre sus ojos, sobre lo pequeños en que se convierten al amanecer. Sobre nuestros nombres extraños y la forma en que me conquista cada vez todas las veces, sobre cómo despliega un mundo de palabras y todo lo demás duerme alrededor. Sobre cómo lo adoro secretamente y pienso, cada vez que lo miro, en que mi cara delata cada parte de lo que él dice que callo. Entonces ya no es secreto y comienza a pulular una sensación, un momento de morir de amor descarado.

Quiero escribir entonces sobre lo que me nace. Sobre sus teorías, sobre cómo me sorprende que él sea él, cómo piensa, cómo lo admiro y lo descubro. Como cuando bailamos y noto que él me mira y hacemos pasos alocados y charlamos a la gente de cualquier cosa. O cómo homenajeamos a Leonard Cohen en librería Losada o caminamos tantas cuadras solo porque a mí me gusta o quiero comer un helado. Sobre como me hace probar comidas y logra cosas que nadie pudo. Sobre cómo me espera cuando subo al colectivo y veo que lo que él ve y sea memorable. Yo parto ensonrisada.

Quizás también quiera escribir sobre cómo conversamos y él me potencia. Como me aconseja, como lo entiendo y lo entiendo cada vez más y a veces mejor y sea como un hermoso desafío. Tirar de la cuerda de sus memorias y sus olvidos. Poder dejarle mis palabras. Y como un chico que se hizo el ciego una noche para bailar conmigo, vio en realidad algo que yo ahora veo en él. Algo que es todo esto, algo que cambia y nace a cada momento.

11.22.2009

Los que corren

Los que corren también se cansan. Pareciera en realidad que su ritmo no decae con facilidad porque todos los días a las mismas horas ellos se encuentran como en un rito secreto a dar las siempre mismas vueltas.

Los que corren tienen estilos diferentes. Algunos son más abstractos y sus movimientos fantasean con el aire. Otros marchan más al ras del cemento o parece que patean algo. Son más veloces, tienen distinto porte, respiran con un compás melódico o curvan sus brazos con fuerza.

En ocasiones, parece que su transpiración es un manantial que no se agota. Son jóvenes, novatos, tienen más o menos músculos. Los que corren entran en su mundo, un lugar de donde pocas veces salen.

¿Para qué corren? Siempre me pregunté sobre la verdadera intención de estas juntas que se producen. Uno atrás del otro, a veces se pasan entre ellos y confirman algo, una sensación. Lo veo en sus caras.   Hay miradas cómplices, de vez en cuando algún diálogo. Muy breve. Sólo quieren correr. Ir más rápido. Llegar. Terminar. Porque entrar en sus metas es ya una parte de satisfacción. Quieren ir hacia adelante, aunque sea con sus pies. Aunque sea así, por una hora o dos, bien hacia adelante. Solos y rápido.

11.01.2009

Argentinamente

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Después de pocos años de conocernos, un compañero de la facultad me preguntó algo que me dejó pensando. Fue en una cena, donde creo que todos escucharon esto pero sólo a mí me quedó grabado:

-¿Vos siempre salís con extranjeros?

¿Cómo? ¿Una siempre sale o gusta de extranjeros? Desde ese entonces mis amigas empezaron a cargarme de una forma u otra. Y yo empecé a contarme mentalmente: que el francés, que el newyorker, que el holandés, que el brasilero, que el otro brasilero. Tenía razón.

-Nunca un hijo de vecino, un chico de zona Sur…-acotó P. esa noche

Entonces, una noche en Palermo, Buenos Aires,  la cuestión se revirtió: me encontró un argentino, me acordé de esa pregunta y me reí en secreto. Un argentino que después me entero que vivió en todas partes del mundo pero es argentino al fin. Y así estamos, argentineando como una tontuela sin caso. 

10.27.2009

Durham

Una ciudad nunca nombrada, nunca dicha de ninguna forma, nunca leída, nunca escuchada. Una ciudad que aparece de la nada, como suelen aparecer las ciudades, esas de las que nadie conoce pero se erigen en un momento y se rellenan con nuestra vida y recuerdo.

Una ciudad pequeña, al norte, donde bajamos a pasear por unas horas. Horas que ahora cobran dimensiones de letras y palabras y sonidos y silencios que hubieron de estar así, sin un lugar donde llegar y sin una posibilidad de irse. Durham.

Pequeña, antigua y algo rústica a la vez, con puentes que atraviesan ríos y barro en las orillas. Primero fue la Catedral. Nos perdimos, como siempre nos perdimos. Los dos solos otra vez, observándolo todo.

Durham. Luego fue la búsqueda infaltable de pérdida. Bajar por los pasillos que daban la espalda a la Catedral. Él tomó mi bolso por alguna razón que ya no recuerdo. Bajamos al río, cruzamos el puente y nos antes de llegar al final nos detuvimos. Fue en el medio: miramos el agua y la luz era de esas que una ya no quiere olvidarse. Una luz de invierno y sol y hojas y aves.

Cruzamos y llegamos a las orillas. Y ahí sucedió: quise abrazarlo con todos mis abrazos posibles, con todas las fuerzas y los sentidos. Lucas saludó a una viejita dulce que caminaba por allí, la saludó con una espontaneidad y calidez que yo desconocía un poco de él pero que me inundaba como el río y las gaviotas.

Caminamos en silencio, mirando el juego de las aves. Un juego que tratamos de descifrar y que consistía en que ellas esperaban a los remolinos del río, los esperaban con decisión hasta el último momento. En ese pequeño abismo, cuando ya estaban por caer, en el vértigo del peligro, volaban y se volvían a colocar en el río, de manera que una y otra y otra vez estaban en la situación y parecía que les gustaba.

Nos reímos: nunca vimos aves latinoamericanas que hagan eso. Yo sé que las palomas argentinas aman hacerse cercanas a la gente, casi atropellarlas y las gaviotas brasileras también tendrán lo suyo, pero nunca un juego como el que presenciamos.

Después oímos la música y él, con un destino inevitable de amante de, no logró contenerse. Saqué la cámara y grabé un video. A veces lo veo y detecto y me emociona su cara de felicidad, sus ojos de felicidad, la música alegre, el sol cayendo y la voz inquieta  del hombre. La gente paseaba –era un domingo a la tarde en la ciudad inglesa- y compraba cosas en el mercado. Nosotros, perdidos, encontrados y encontrando una ciudad sin nombre que se iluminaba así de a poco y nos daba su voz, sus sonidos y colores,  a nosotros, tan viajeros de nosotros mismos.

10.12.2009

Corazón idiota

de Ana Frenkel, Carlos Casella y Dani Cuparo en la Sala Neura del Paseo La Plaza // www.corazonidiotaunmusical.blogspot.com

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Dicen que existe una diferencia entre las actrices (y actores), una diferencia que radica en si trabajaron en televisión o vienen del teatro. Si vienen del off es mejor, es más sacrificado y da un poco más de mérito. La televisión y la actuación parecen no llevarse bien desde esta concepción.

Pero tanto Carla Peterson como Griselda Siciliani tienen ese pasado de teatro: off, clásico, otros y luego el salto a la televisión,a la masividad,a lo tanto en tantos sentidos.

Corazón idiota, un musical trata de ubicarlas nuevamente dentro de este rol teatral que ambas supieron caminar –y bien- en el pasado. Pero algo falla: no es la energía, no es la música y sí quizás sea la historia. Sin una conducción masculina, Loli y  Clara- las protagonistas- andan de aquí para allá en situaciones muy previsibles, lugares comunes femeninos. Entre canción y canción nada suena tan afinado como sus voces y la historia se convierte en no-historia.

Apelando a lo cómico, al guiño femenino,muchos hombres se quedan perplejos, casi al borde del aburrimiento. Y diré que, aunque muchas mujeres también ríen en complicidad, no causa mucha gracia verse reflejada de manera tan obvio. El público es mayoritariamente joven y concurren o bien con su pareja o con amigas.

Más allá de los géneros, que sí vienen al caso esta vez, Corazón idiota no logra inspirar. Siciliani brilla en ocasiones: es una actriz muy formada y se nota. Peterson, por su parte, a veces parece cansada, aunque se desempeña bien en general.

La banda de los chicos funciona como comodín y funciona bien. Sospecho que mucha de la platea femenina aprecia más sus intervenciones que las de las actrices. Pero es sólo una sospecha. Como la que queda después de finalizar, cuando Mateo y yo nos miramos con cara de pregunta y decimos ¿y entonces?

 

10.03.2009

Siempre tendremos París


Il y a toujours quelque chose
d´absent qui me tourmente

Carta de Camille Claudel a Auguste Rodin, París, 1886


¿Por qué olvidar París? ¿Por qué recordar París? Todas las películas del mundo en París y una que viene a encarnarse allá, con un amor relámpago, amor intenso, amor de todos los tipos que hablaba Oliveira y una no puede volver a hablar. Porque se fue. París es y fue todo lo que yo añoraba y no sabía dimensionarlo bien. París de la mano del amor y esa mano es fuerte, tira cuando una recuerda. ¿Por qué olvidar París? ¿Por qué recordar París? No quiero perderlo: la risa bailando en el Sena, el abrazo esperado e inesperado la primera noche en Fontaine Saint-Michel, la fiesta en el barco en frente de la Tour Eiffel. Había visto de mil formas esa torre y nunca habría de imaginarme bailando en el River Kings, muerta de frío porque helaba en la noche y poco habíamos llevado de abrigo y de ropa para la ocasión.
Alguien dijo el otro día algo que me quedó grabado: la Verdad atraviesa las ciudades. Y no sé bien por qué lo traigo a colación. Quise sacarme a París de la boca, decirlo, decirlo y no decirlo más. Que sea como un secreto nuestro, el mejor secreto de nuestras vidas. Pero no puedo. La Verdad atraviesa las ciudades y yo sonreía como una pánfila cuando sacabas fotos mías o intentabas hablar español.
Sucede esto: hace 8 meses que tuve París, y probablemente siempre lo tenga.

Planes que una hace cuando tiene que estudiar

Empezar a ahorrar para vivir en NY con Magdalena. Ahorrar también para viajar con Belén. Ir más al grano. Ir al teatro: hay miles de cosas ahí esperándonos. Ir al MALBA de una buena vez por todas. Salir con M. Leer un buen libro o mejor, elegir varios para tener en espera y después leerlos. Esperar que el pelo me crezca y no volver a cortármelo yo misma. El vestido de mi graduación. Empezar gimnasia de manera de bajar todos los kilos que una gana sentada, estudiando. Estudiar. Dejar de estudiar también. Hacer proyectos con Lu. Visitar a los niños pequeños y jugar mucho con ellos. Ir a la biblioteca de Congreso para inspeccionar a los personajes que pude empezar a ver, pero que -por estudiar- no pude seguir con detenimiento. Proyecto Berkeley. Mural con todas las postcards que andan dando vueltas y fotos. Río, eu gosto de você. Escribirle a amigos internacionales. Escribirles detalladamente. Hipnotizar a mi perro. Aprender a maquillarme. Leer de nuevo a Cortázar. Editar videos del viaje. De los viajes. Hundirme en el sillón mirando películas. Practicar FLASH. Hacer cosas simples: hacer pan, mirar las hojas, escribir poquito, pero dejar de estudiar por favor. Porfavor.

9.27.2009

Rarezas

Fue una noche en Guarujá, después de haber llegado con una amiga, viajando en un ómnibus entre la lluvia y las montañas y abismos enormes de por ahí. Mi amiga dormía y yo trataba de capturar desde la ventana lo poco que podía verse, los pequeños pueblos, los niños caminando en medio del agua de lluvia imparable. Todo desde la burbuja del micro acondicionado, sin frío, sin idioma y sin pistas de cómo iba a ser Guarujá y la gente que nos esperaba allá.

Fue esa primera noche, después de dejar nuestros bolsitos mojados, cambiarnos un poco y haber dado una vuelta pequeña por el centro, mirando la oscuridad en donde caía en mar. Todo bastante misterioso y una con ganas de conocer, pero la lluvia.

Éramos 5 personas: no nos conocíamos bien, algunos hacía breves momentos, charlábamos de nuestros países en el departamento. Habían llevado películas pero el reproductor no quería andar y entonces se había encontrado más diálogo, la idea de cocinar fideos y, en todo caso, asistir a los programas de tv del momento. La televisión brasilera es muy graciosa, puro entretenimiento y estuvimos un rato refugiados en eso.

A todos nos unía un poco esa postura apocalíptica de crítica negativa sobre esta programación de la tele que se nos ofrecía, pero a la vez la mirábamos. Era un programa sobre personas que buscaban pareja, una cosa muy normal hoy en día, nada raro.

Al término empezó un corto. No sabíamos bien de qué se trataba pero ahí estábamos atrapados desde el misterio de no entender qué película era esa. Aunque habían propuesto salir a tomar algo, ahí estábamos todos en frente a un aparato, viendo algo desconocido, sin poder despegarnos.

Sentí un gusto especial por ese momento. La fascinación del cine nos atrapaba. Cuando terminó no entendíamos el argumento, ni siquiera supe el nombre. Pasaron a otro tema, otro programa. Pero todavía lo recuerdo: una mujer, una ruta y un hombre que se conocían y desconocían a medida que pasaba el viaje.

Después, cuando nos íbamos a dormir, la tormenta se desató con más presión. Presión en los vidrios que se movían como locos, el viento que armaba ruidos extraños, nosotros mismos que nos asustábamos sin razón. Se cortó la luz a los minutos, no sólo se cortó sino que hubo una explosión previa que nos hizo temer demasiado. Y luego, la oscuridad.

Todo fue extraño para mí, distinto. Pero ver. Ver así, desde otros lados, fue todo lo que abrió mis ojos entonces.

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9.17.2009

Gratitud de una hacia otro

No es así como quisiera hacerlo, con letras que acaban ahora mismo, cuando termines de leer bien y te saques los anteojos para no ver nada más y quizás pienses "qué cursi esta pequeña". Te diré que esa palabreja en realidad no es parte de mí y discutiremos un rato empleando nuestros mejores argumentos.

Yo no me defiendo del amor, solamente quiero desenterme de todo ese aparatejo que pones en aquí tan cerca y que no me pertenece. No se habla del amor: pienso un poco que esa es tu filosofía, que segrega a las palabras para darle lugar a los hechos que demuestran y hacen, como si hacer fuera lo único que pudieras lanzar hacia mí.



Gratitud: una vez creo haber comentado lo agradecida que me siento y si pudiera definir todo esto quizás todo sea más claro o más difuso. Me inclino por lo segundo y acudo a tus hechos hermosos, donde no hay palabras pero tampoco silencios.


Pero las palabras siempre me nacieron sin querer y aunque vos pienses que yo me callo, no lo hago y es increíble que puedas no entenderme cuando hablamos de lo mismo: esa sonrisa constante cuando nos miramos y en ocasiones entendemos eso.


No me basta hablarte desde las palabras pero el hecho es que aquí estamos y este es el lenguaje que me queda: desde la primera noche en que tomé tu mano sin conocer nada de vos, al poco tiempo de encontrarnos en San Telmo y empezar a reirnos. Yo estaba loca y de veras que no sé cómo suceden estas cosas, pero suceden. Viniendo desde un espacio desconocido, abriendonos la vida y demoliéndonos, así tan simple.


Entonces, esto. Entonces, gracias.