Brasil o el tratado del inútil combate
Me muero de ganas de escribir. Estoy por emprender un nuevo viaje, distinto como todos los distintos viajes y faltan sólo 15 días para sentir de nuevo el despegue del avión y de todos los muchos sentidos que se vuelan y devanean cuando algo nace, llega, aprieta y dispara. Esta vez viajo sola y eso es una linda cuestión. Pero no tengo cuaderno aún, y no tengo cuaderno en la vida últimamente. Mis letras se ciñen y tratan de caber en la agenda adorada Paperchase pero no es suficiente. No es suficiente. Por otro lado, cada vez que paso por algún lugar potable donde comprar un cuaderno nunca tengo plata. Lo que sí hay son hojas, libros, agenditas varias, tecitos, lapiceras y resaltadores que no andan pero me resisto a tirar. All over.Cuando me fui a Europa, no hace tanto, estuve todo un año carcomiendo los acentos, las viboritas del lenguaje, los éxodos del silencio, para encontrar las palabras que me hicieran despegar. Este viaje es distinto. Ya lo dije. No hay count-down, ni siquiera debería estar pensándolo por ahora y me atan miles de cuestiones todavía para pensar en despegar. Pero vieron como son las letras. La caminan a una, la sonoran, la revientan contra un teclado y mecen los dedos con el ruidito característico.Pero lo que pienso es que además de no countdowns hay miedos. Como siempre. ¿Hay deseo? Hay deseo, pero miedos. Todos mis viajes siempre cambiaron situaciones, relaciones, estaciones y también deseos y miedos. Ahora estoy tan bien que me da cosa dejar Buenos Aires así. En realidad me debería dar felicidad. Miedo de que me guste demasiado. Esas podrían ser las key words de este tópico. Que todo me guste demasiado. Por eso anulo por ahora este viaje. Aunque no lo anulo en realidad, ya ven que lo pienso y lo escribo a ver si se me desenrosca. M. dice que me va a encantar y que la voy a pasar bien. Ayer vino cerca de casa, por primera vez, y sentí de veras su apoyo a mi viaje, como algo más, y no como la maximización psicotrágica a la que lo elevo.Lo más gracioso es que ya sé que esto se evapora a los dos segundos de despegar. O un instante antes de levantar vuelo, diría Drexler. O ahora mismo. Fin.
Brasil
Me muero de intriga. Y entrega.
Pensamiento de
No creo que la palabra "mundo" pueda ser la misma ya para mí, porque de golpe toma dimensiones más pequeñas y reales, ajustadas a las tantas posibilidades de conexión. Posibilidades que disfruto y en las que creo mucho más y que rondan en hechos y deseos.
Conocí en el avión a Lev. Y después de reirnos un rato, hablar en algunos idiomas y recomendarnos libros tantos él me dijo que, desde hacía tiempo, el mundo o, mejor dicho, su lugar en el mundo, ese lugar llamado Nueva York, ya no podía ser concebido como tal. Me lo dijo con cierta tristeza que entiendo ahora. Ya no podría encontrarse tanto, aferrarse a lo conocido, quedarse. Ya no iba a poder. Entonces las palabras comenzaron a agrandarse y se achicarse. Algo detrás de todas las palabras. Algo ya siempre. Un mundo aquí y allá y como quiera que pueda pronunciarse.
Argentina, Inglaterra o la distancia presente
Lejos pero atenta, Argentina es un punto alejadísimo de acá pero, a la vez,latente. Hoy en la entrada de la sala de computación todos esperábamos un poco ansiosos la apertura del lugar. Chris compartía la ansiedad conmigo y apenas pudimos copamos las máquinas. Es extraño ver a todos sentados, oir un tipeo continuo y algunas risas frente a los monitores. Chris y yo, por ejemplo, nos matábamos de risa, de alegría. Y no sé quién reía más y no sé en qué idioma. Me mostró un e-mail larguísimo que una amiga le había escrito en holandés. Y me sentí lejos de las letras, pero cerca en otros muchos sentidos. Yo abría todos los e-mails y no podía creer como las cosas más nimias se vuelven debates fundamentales: aquí y allá. Lloraba de la alegría de ver, leer y respirar algo -muy poco- de Argentina, de mis otros lugares. Hay tantos puntos donde se puede estar y, sin embargo, el sentimiento más pequeño, la palabra menos dicha, la foto de alguien en el diario, la música. Todo se vuelve enorme.
Non-fiction
I´m someone that once wrote some things with big "fascinating" words and now is not even able to write with her own language. I love this great silence of mine.
India
A quince mil kilómetros un niño traga agua. Es un agua marrón, que habrá pasado por varias manos, varios pies y caras. Alguien habrá tragado también de esa agua. Agua que no has de beber. El niño no atina a cerrar la boca y todo el líquido entra por los orificios de su cara. Siente que no le queda nada, y aunque yo no sé pronunciar su lengua, siento internamente que ese niño, ese único niño sumido en la inmensidad secreta que ahora despliega la noche, grita. Nadie lo oye. Al hundirse, el niño piensa con inmediatez en sostenerse hasta que alguien lo escuche, alguien entienda su lengua próxima a partir. Cada vez que un hombre muere, muere con él una lengua. Una forma de decir, de expresarse y acabar con una pronunciación que él y sólo él podrá contener. No nos damos cuenta, pero en la muerte de un hombre también está la muerte de un lenguaje, de su particular forma de torcer los labios, de amarrar el aire que atenta con salir, la lengua sostenida. Todo eso se esfuma al igual que ahora, en este momento, y por última vez, el niño propaga su auxilio. El agua entra con rapidez, como el río en el que se ahoga, con la rapidez de la forma en que él hablaba con sus amigos, tan raudo que nadie lo entendía. Así es su muerte, carece de lentitud, hace honor a su lenguaje, se comprime en ese líquido que ahora entra a su boca.
Todos mis hambres. El mundo da de comer exactamente a todos mis hambres. Exactamente así, en un breve momento, ahora. Me deja solo el lugar para decir lo feliz que se está pronunciando el poco de estas palabras que escribo. Pero no escribo. Es descascarado decirte que escribo porque esto es solo una transformacion de mundos en caracteres. Pero ahora eso no insiste. Sólo quiero pronunciar estas naranjas minusciosas que me salen. Estas palabras. Las que no se dicen tanto.
Pregunta y vicisitud
(No) Lleno las hojas. Las hojas (no) me llenan. Los años estos son nuevos, o simplemente distintos. Las palabras ¿crecen las palabras?
Hombre I
Pienso en un hombre. Un hombre parado junto a otro. Varios caminos juntos por sólo un segundo y entonces. Más allá de mañana, pienso, que quedará de esta huella cociendose en un colectivo andante. Qué quedará de un solo hombre. Aplastado,quizás, por la memoria. Sin huella. La huella borrada, la cara adentro de qué lugar que no vuelve. Enlazada a un recuerdo, volviendo en un gusto amargo, un perfume del hombre de todos los días. En qué hora del día volverá a vivir en mí ese hombre. Va por la calle y esa calle comenzará mañana a envejecer -no hoy,no- con arrugas grietas, con insomnios gritos, soltando de su mapa las mismas manos que ahora dejas caer. La ciudad entera, sin zoom, sin nada, no prestará atención a una huella: la huella del hombre.Veo su zapato desintegrándose a cada paso, enlodándose, mojándose. Un zapato solo al lado de la cama donde el hombre sos vos. Un camino, un zapato, un tiempo. Enumero y olvido al mismo tiempo. ¿Cómo?¿Cómo sucedió? ¿De qué forma voy a reclamarte yo al tiempo? ¿Con qué palabras voy a decir un nombre que olvido? Pienso en vos. En tu huella. Pienso en un hombre que quiero estirar por todas las épocas. Para que llegue hacia aquí, hacia este hombre que ahora, ya ves, se para junto a mí y pide mi silencio.